viernes, 26 de diciembre de 2008

Navidad, Nieve y Las Flores Rojas


FELIZ NAVIDAD, Siempre.


Nota importante: En caso de ver este vídeo aquí, sería conveniente bajar el audio del blog o detenerlo. Lo encontraréis bajo el contador de visitas a la derecha.

domingo, 21 de diciembre de 2008

Caballo volador


Cuando han pasado más de cinco meses desde mi último viaje a la cantábrica Santander, es un honor poder mostrar lo que pinté allá por el mes de julio, en su plaza más popular durante su certamen de pintura al aire libre. Por cuestiones climatológicas, y dado el limitado recorrido, me vi frente a la ecuestre escultura; pues el resto, los escalones de acceso, la fuente pública, los bancos azules, el trasiego de gente, los niños jugando con el agua, las especie de palmeras o similares dragos y los edificios de la circundante avenida repletos de vida y color, eran suficientes motivos para pintar en ese lugar; suficientes, como para evitar hacerlo por un simple mal gusto de algunos... Así, pinté durante dos o tres horas, ignorando aquel bronce, como vaticinio de lo que parece una realidad manifiesta recogida por las cámaras a golpe de Telediario. Es un honor mostrar esta pintura que si tuviera que ponerle un nombre, posiblemente elegiría, Caballo volador.

miércoles, 10 de diciembre de 2008

Diálogos 3, aus(di)encia


Por inverosímil que parezca, se han cargado Diálogos 3.

La Radio Pública (no olvidemos, la pagamos todos), pierde o mejor dicho echa por la borda, uno de los programas insignia de R3, en este completamente absurdo cambio generacional que está imperando, parece, en RTVE; pierde el talento, una voz, la experiencia y el contenido musical, que tantos nombres ha descubierto el Sr. Trecet; así es, perdemos todos, incluso los que ahora se presumen de expertos aventajados... toda una lástima.

Señores, esto no se debería permitir. A nadie, se le pasaría por la cabeza quitar la palabra a un "eminente catedrático", a menos que él la cediera.

Olvídense del poder del politiqueo y las monsergas, y pongan un poco de sentido común en algo que, lamentablemente, se estaba viendo venir. Se están cargando la Radio de CALIDAD, y como no le pongan freno pronto a esto, acabarán emitiendo tanta basura como en la mayoría de las cadenas de Radio y Televisión.

Recapaciten!!!

Escuchen a la audiencia.

Si quieres puedes hacer un comentario aquí, aunque sería de agradecer también que lo hicieras en el póstumo programa de Diálogos 3 en R3. << Haz click.
Si quieres acceder al artículo que publica El Mundo, haz click en el título de este post.

sábado, 6 de diciembre de 2008

Pinceles, brocha-escobas


La obra e intervención sobre la cúpula de la ONU en Ginebra, realizada por Miquel Barceló, ha suscitado tanta polémica en torno a ella, que a llegado a ocupar la destacada primera página en algunos diarios.

Apartándome de ciertos aspectos relacionados con la polémica, he de manifestar mi admiración singular por la obra en cuestión; si bien he de hacer alguna que otra observación en cuanto a quienes no dudan en calificar de "brocha gorda", gotelé, etc, la ejecución de esa obra maestra.

Creo que a estas alturas, en la que el arte ha llegado a una contemporaneidad tan difusa, el querer o pretender, hacer comparaciones de la técnica pictórica del mismísimo Diego Velázquez con cualquier artista del momento está totalmente fuera de lugar. Si bien, siempre existirán personas a las que les guste las cosas de un cierto modo y a otras, claro está, no. He de decir que las diferentes técnicas, sobre todo si son propias, o parten de la propia evolución del artífice o artista, son, el simple medio de expresar o de llegar a un fin.

Así, si alguien quiere dedicarle su vida por completo a pintar las paredes de su casa, utilizando como útil una brochita del tamaño de una cabeza de alfiler, está en todo su derecho de hacerlo. Sobre todo, si para llegar al resultado que espera, es preciso que sea con éste útil y no otro. Ni que decir tiene, que si lo que quiere es pintar en un color, sería lógico pensar y tener en cuenta un artilugio llamado rodillo.

Estas parabólicas palabras, que si bien pueden parecer tan obvias como ambiguas en el mundo del arte, no son más que unas ligeras apreciaciones en torno al concepto mismo del tema. De cómo lleva a cabo un verdadero artista su obra u obra de arte, es lógico pensar que sólo a él le concierne el uso de una técnica u otra. Pues parece ser, por la controversia suscitada, que en muchos casos, el ataque hacia esta obra y/o artista, es puro desconocimiento u ignorancia, que muchas veces no está exenta de ciertas connotaciones que vale más la pena ni mencionar.

Así digo que,
«la obra es al fin del artista, como lo es la esencia de su técnica».

Últimas: –me gustaría saber el cómo hubieran resuelto ciertos pintorcillos de brocha fina, La ONU Cúpula, o la piel cerámica de La Catedral de Palma–. Esto es por decir algo, porque verdaderamente no tengo el menor interés en saberlo.

Opine, opine...

viernes, 5 de diciembre de 2008

[ i ] de ilusión

En la periodicidad que me es habitual, un día entre septiembre y octubre me dije: ya es hora de sacar a la luz, y dejar ver a las ávidas miradas de un Jurado que Se Precie una de tus obras o cuadro, por tener esos lados. Así pensé: "ande o no ande", mándalo a uno grande. Que finalmente, el sólo asunto del envío, pre-ajustició cualquier tipo de opción, sin poder llegarla a enviar. Quienes hayan leído ArtBox, se darán perfecta cuenta que la obra en cuestión, se trata de Las flores rojas.


Ésta, junto a otras pertenecientes a Las Olas, están en la más absoluta oscuridad y, nunca mejor dicho pues, gracias al amable gesto –como tantos otros– de una amiga, se guardan en, –llamémosle–  un ArTrastero. El día que decidí, mandar esta obra, y dado que se requiere la protección para participar, de un listón perimetral, saqué ésta a la luz de la calle y donde no estorbaba a nadie, la dispuse en el suelo mirando al cielo –otra vez– y me dispuse a golpe de martillo, hoja de sierra en mano y unos clavos, a manufacturar in situ ese perímetro con listones de madera. Listones, que hasta allí llevé en mi bicicleta (la cuarta que tengo, pero otro día hablaré de ello, ahora sólo cito la maestra y bella Ladri di biciclette de V. de Sica), que a pesar de los dos metros y medio de longitud, no fueron impedimento atarlos centrados a la barra, sin impedir maniobra alguna del guía. Toda una emocionante experiencia conducir algo tan ligero y volumétricamente tan grande. Como si de un vehiculo longo se tratara  al girar o maniobrar. Ciertamente gratificante la sensación.

(Aquí, quiero hacer un paréntesis o–le llaman guiño–, a Monsieur Houlot. Cómo se echan de menos estas genialidades...!!!)

Resultó cuanto menos también, del todo gratificante y de lo más saludable, intervenir en plena calle con la obra expuesta en el suelo, ante la atónita mirada de unos pocos viandantes que esa mañana dispusieron sus pasos junto a Las flores rojas. Terminada la operación, pensando en cómo me llevaría la obra para su embalaje, –en la sencillez conceptual [aunque me esté mal decirlo] de la que suelo hacer gala– hallé la solución. Que no era otra, que mi bicicleta. Atrás quedaban transportar en ella, largos listones, como pequeños cuadros, bastidores, bolsas de todo tipo como carga o vianda, como aquellos domingos de hace unos años que, portaba –literalmente– mi stand de artmercadillo sobre mí y las dos ruedas... Un circo en vivo (que, como suele decir el dicho popular: «ande yo caliente...»).

Ahora, la cuestión era otra. Las flores rojas miden 130 x 162  cm de ancho. Transportarlas cerca de dos kilómetros, con la bici, no sólo era un reto, también conllevaba un alto riesgo. Enfrentándome a mí, y las consiguientes deliberaciones mentales de cómo llevarlo a cabo, la dispuse sobre el pedal derecho (pues no soy zurdo), con la obra hacia fuera sin riesgo alguno de prepararla. Até una pequeña cuerda desde el interior de la cruz del bastidor al manillar y así quedó la cosa sujeta tan ricamente. Después, únicamente, tenía que llevar –eso si con cuidado de no coger baches– un manillar, que podía llevarse con una mano. Fácil. Éste paseo, que nos dimos (los tres) por el camino que bordea el río, sin duda alguna me reportó tanta satisfacción como leer éstas palabras de otra amiga: 

«He visto todas las fotos de la galería de Picasa —algunas varias veces—, he leído parte de los artículos, he vuelto a mirar las fotos... y me he enamorado de un cuadro. Se llama "Las flores rojas". Me parece sencillamente fascinante, con mucha luz y lleno de movimiento, como si hubiera miles de mariposas haciendo vibrar esas flores. O lo que me dijo otro amigo: «La ArtBox para Las flores rojas... justa epidermis para una de mis obras favoritas».  Pero claro, estos son amigos... 

Bueno sigamos, y no nos dejemos llevar por más sentimentalismos. 

De un orgullo interior, daba fruto a mí rostro una esbozada sonrisa que, no reparaba amablemente –como dando los buenos días– en regalar a cuantos, en esa mañana nos encontramos en el camino. Finalmente llegué con Las flores rojas, sanos y salvos. Después emprendí el proceso para hacer el ArBox que algunos ya conocen, que me permitiera enviar la obra. Como quiera que al final, no la envié a Madrid a ese grande-grandísimo certamen de pintura. En la consiguiente bajada de humos, opté por llevar más cerca la obra, al aparente –"más accesible"– certamen de pintura que por vez primera me iba a presentar en esta mi ciudad. Después de deliberar el jurado, he de felicitar públicamente al ganador de este IX certamen, que fue a parar a mi amigo (–por lo menos, eso digo—) de consolidado arte: Carlos Sánz Aldea. ¡Enhorabuena, mi más sincera, amigo!

«Perseverar en algo que crees, al menos conlleva implícito mantener la ilusión».


–«Cuando buscas algo, lo verdaderamente importante, no es hallarlo.
...Y en ocasiones las cosas aparecen sin buscarlas.
Yo, por ejemplo, estoy convencido que [este año nevará en mi ciudad] [y una gran nevada].
Es bastante probable, que lo único que veamos sean unos copos. Pero lo más importante, no es, si lo hará o no, sino, tener la ilusión de que ocurra»–

Esto que, muchos años ha, escribí para una postal de Navidad en la empresa en que trabajaba, retomo ahora como título del relato en el que me encuentro.

Llegó noviembre, y con él el frío. La nieve se hizo presente en aquellos lugares a los que suele acudir fielmente y también a otros no tan acostumbrados. Aquí se quedó la cosa en uno pocos imperceptibles copos. Retiradas pues Las flores rojas salvaguardadas por su ArtBox, –que todo he de decir–, tuve que reclamar ésta segunda, pues no estaban juntas y se habían tomado la molestia y cuidado celo de, envolver la pintura con plástico burbuja. Cosa que agradecí, pues, me pude llevar esos metros, para así proteger no obra, sino plantas de las heladas. Todo esto a pesar de intentar olvidar, en todo momento, lo ocurrido con otra obra en la que su ArtBox, no me fue devuelta y me vino de tal guisa o envuelta en el mismo plástico de burbuja.

Como no podía ser de otra forma, el medio de transporte volvió a ser mi bicicleta. Creo haber dejado sin palabras al mismísimo repartidor de Seur de la zona centro.

Una vez en casa, tranquilamente miré unos apuntes que tenía sobre otros certámenes y de hecho uno, al que me presentaría también por vez primera, le tenía en mente como pendiente. Ánimo me dije, ahora, cógete esto mañana, que es justo cuando acaba el plazo y llévalo allá de viaje. Así lo dispuse, y a la mañana siguiente, puse a lomos del coche el ArtBox con Las flores rojas en su interior. Lo até bien y mirando al gris cielo me puse rumbo noreste. La noche antes, estuve pegado al televisor esperando al Tiempo: «...según avance el día, habrá precipitaciones en el tercio norte, siendo en forma de nieve en cotas de 600 m». Tampoco era como para asustarse, tan sólo darse vidilla y dejar la tarde al cobijo de la estufa. 

El viaje no fue lo que comúnmente se conoce como de placer, pero tuvo momentos mágicos y muy especiales. Así, al frío de cero grados que entraba por una ranura en la puerta derecha, por la que pasaba la atadura, era restado por un maravilloso repertorio en la Radio Clásica esa mañana. Así, los vehículos que iban a pasar mis metódicos 90/100 km/h., se tomaban su tiempo... y en ocasiones, cómplices, me sonreían. Así cuando llegando a tierras burgalesas, hizo aparición el manto blanco sobre los campos fríos, tuve por momentos el arrebato de parar y ponerme a pintar. Al hilo de la música, en unas palabras de Shakespeare que recitaban en esta Radio, el viento agitaba las ramas altas de los robles que pueblan el puerto que da paso a la cuna y origen del castellano. La nieve acomodada al hueco y al tronco ahora dormido, pero no callado. Las ramas alegres, jugaban al viento; lanzando unas a otras el blanco bien preciado. Líneas negras y blancas, como presas del paisaje: profundidad y calma. Una parada por las obras, unos minutos de nada. Apagué el motor, y sin más disfruté ese momento contemplando todo eso por la ventana. 


Al llegar a mi destino, el sol esperaba.  Dejé a buen recaudo Las flores rojas; que mantengan la ilusión de al menos ser en otro lugar contempladas. Volviendo de regreso a casa, la misma satisfacción que la ya citadas. En el horizonte, el cielo gris aguarda.–Si las previsiones que anoche escuche, no están equivocadas, lógico será que no tardando mucho aquel cielo oscuro, la nieve traiga. En el viaje de regreso, la luz disminuía con cada kilómetro, cada vez más cerca de la inmensa gris nube. Tan sólo en la proximidad  de la vecina Palencia, entonces, se hicieron presentes los blancos copos. Pensé para mí, sonriente: –¡está nievando!–.




jueves, 20 de noviembre de 2008

Al tiempo, la Primera de otoño


De cómo el agua fluye por acá o por allá; así son los pensamientos que topan con la piedra o elevación del camino, y que hacen dar un giro o cambio de sentido. 


Así cuando estaba trabajando con una composición audiovisual en torno al verano, vuelvo al otoño y la idea de sacar a la luz el proceso creativo de algo, que a principios de octubre empecé; y que espero poder mostrar antes de que finalice esta bella, –como lo son todas– estación. La obra: Primera de Otoño (título inicial en el origen "Las Olas: primera de Otoño").

miércoles, 5 de noviembre de 2008

Las Olas, segunda edición impresa


Este obra editada en abril de MMVIII, con motivo del SegunDO montaje de Las Olas, recóge en XXV páginas, la muestra, conceptos, principios, sobre los que se fundamenta dicha exposición; así como parte de las obras y los textos que las acompañan.

Si está interesado en recibir una copia en formato PDF (5,5mb), envíeme un correo electrónico a la siguente dirección: lasolas@latelier.es

Luz, luces, insectos voladores y no voladores

–Como una cosa, conlleva a la otra..., he querido publicar ahora lo que recoge la página dieciocho sobre "Las efímeras"–.


«El hombre piensa y calla en la oscuridad de la noche. Algo vibra junto a la luz del farol; esos bichos –las efímeras- son solo un instante de vida. Medita.

Aquel hombre veía a lo lejos. Tenía prisa y sabía dar valor a las cosas. Dejó lo ya hecho y se entregó a su sueño –tan querido-; tomó la libertad por compañera. Puso golondrinas en el muro de su casa.

OLA
Fr. VAGUE; it. ONDA; a. WELLE, WOGE. (Del bretón HOUL, pl. De HOULENN: Onda.) Onda de gran amplitud que se forma en la superficie de las aguas. Espasa.

Un día se metió en las olas. No hay mentiras; solo un camino: El que esta por delante. Lo demás es nada.

El hombre se despereza busca muelles por las ferreterías para dar más espacio donde crezca una mar de ensueño. Busca la verdad y la llama por su nombre.

Hay una pintura que grita verdad. Muestra flores, olas huracanes, dos kilos de azul, una tormenta, un aleteo que se acaba. Y hay un hombre que escucha al ave fénix, quien le recuerda que es bueno cuidar algo tan frágil como son unos tomates, y más, si han nacido en la huerta de la mera ilusión, allá, en los tejados.

Miguel Segura, tan amigo. Hay junto a la mar de Gata una enormidad de soledades y una evidencia: Allí está, desnuda, la vida; no hay mentiras».

Texto íntegro publicado en la obra editada con motivo de la exposiciÓNarte 
"Las Olas, segunDO montaje" y que es parte, del que me regalara su autor. Mi amigo: Laureano Carriazo.

miércoles, 29 de octubre de 2008

ArtBox

Transcurridos diez días desde la publicación en Ars Operandi de mi artículo ArtBox, doy cuenta íntegra del mismo en este mi blog.




“Aquí se aprende muy poco, falta personal docente y nosotros, los muchachos del Instituto Benjamenta, jamás llegaremos a nada, es decir que el día de mañana seremos todos gente muy modesta y subordinada”. Así empieza Jacob Von Gunten, de Robert Walser.

Perfectamente actual este párrafo, para quienes nos encontramos al otro lado, desposeídos de honores y trato preferente. Preferentemente, elegimos y lo hacemos desde ese lado, al que resulta tan difícil mirar, tan sólo en raras ocasiones: ¿somos artistas?

Mientras unos buscan musas, allá sabe Dios dónde, otros sustentan sus improntas creativas a golpe de necesidad imperiosa. Si se nos ofrece una posibilidad, por insignificante que parezca, la aceptamos, si no, de cualquier forma continuamos.

Desde luego, luchamos en nuestro empeño o necesidad por expresarnos y mostrar aquello que hacemos y sentimos. ¿La finalidad? ¿Continuar, prevalecer, permanecer? Vaya vd. a saber… Ser- hacer arte o formar parte. Para ello en ocasiones, nos vemos abocados a presentar una obra a un certamen o concurso, aún a sabiendas de la extrema dificultad que conlleva ser uno de los elegidos y lo costoso del propio formalismo normativo. Decidimos hacerlo en un esfuerzo añadido, si cabe en ocasiones, en tanto grado como el propio proceso creativo de la obra. En este sentido he querido dejar constancia testimonial de algunos casos, con la propia reflexión implícita, para quienes, como yo, les resulta difícil acceder a este tipo de convocatorias y también, en otro grado, poner de manifiesto a cuantos desconozcan el entramado y la dificultad de poder llegar a ver una obra.


Notas preliminares

La mayor parte de los certámenes de pintura que se celebran en nuestro país, indican en sus bases que la obra habrá de ser presentada en un lugar concreto, dentro de un plazo (Son pocas en las que se requiere una fotografía para una elección preliminar). Que el envío y reexpedición corre a cargo del autor. Que en ese caso habrá de ser utilizado un embalaje reutilizable. Que no se responsabilizan de cualquier tipo de deterioro que pueda sufrir la obra y que las medidas máximas no excedan de 2 x 2 m, entre otras.

Resulta obvio pensar que allí, donde se celebran los certámenes, aquellos que tengan el interés en presentarse y sean de esa ciudad o próximos a ella, en cierto modo ven reducidas las dificultades. Claro está, en muchos casos no es así.

También se ha de tener en cuenta que, a pesar de que en las bases existen medidas máximas y mínimas, son las primeras las que cuentan con mayor número de premiados. Por no decir que la gran mayoría de las obras premiadas, o seleccionadas, tienen las medidas máximas o se aproximan a ellas.



Los hechos

De lo anteriormente expuesto, se deduce que si quieres tener “alguna posibilidad más”, la obra a presentar, con independencia de la calidad artística, debería aproximarse a los mayores formatos. Esto conlleva ciertos inconvenientes para ser llevado a cabo. En el caso de que se quiera llevar la obra personalmente al lugar asignado, se deberá poseer furgoneta o similar, o bien disponer de ella temporalmente. En este sentido los alquileres de este tipo de vehículos - si bien para trasladar un gran número de obras como en el caso de las exposiciones, podríamos decir que resulta asequible - para el transporte de una sola no se puede decir precisamente que sea barato. En el caso de que – parece a simple vista más lógico – utilicemos un medio de transporte contratado para la ocasión, nos encontraremos de pronto con un sinfín de complicaciones logísticas y un elevado coste económico. Lo que nos creará duda tras duda, con el desgaste anímico consiguiente. En primer lugar, la mayor parte de las agencias de transportes se limitan a no admitir este tipo de envíos. Las que sí lo realizan son claramente ajenas a cualquier tipo de responsabilidad por los daños que pudiera sufrir la obra; si se accede a asegurar dicho envío, con el lógico incremento del coste, es condición indispensable que la obra esté debidamente acorazada. En otras palabras, con un embalaje a prueba de “lanzas”. Que no son otra cosa que esas máquinas para transportar palets, con amenazador aspecto de minotauro. He de recordar cómo uno de mis lienzos me vino con las mismas con un boquete de consideración. Las amapolas azules.

Gracias al envío de esta obra y el destrozo incomprensible que sufrió (ya que no sólo había un boquete en la arpillera, sino que el bastidor de 6 cm estaba hecho añicos), me vi inmerso en un “apasionante” proceso kafkiano para reclamar, al menos de manera testimonial, mis derechos. Después de dos años de espera, escritos y negativas por parte de la agencia de transportes a indemnizarme con nada, llegó el día de la vista oral ante el Organismo pertinente. Implícito estaba el traslado a pie de la obra de más de 150 cm ante la sorpresa de los viandantes. Al llegar al edificio de la vista, también pude ver un sinfín de miradas perplejas y, tras una exposición de los hechos por el “abogado”– yo –, fundamentados en la notoriedad del destrozo, y el poco celo o negligencia en el trato de la mercancía, llegó dos meses más tarde la sentencia favorable. Que al menos, reconocían mi derecho, abonándome una cantidad por kilo de envío. Esto fue como haber ganado incluso más que una Mención de Honor o Accésit alguno.




El realizar un embalaje adecuado que cumpla los requisitos de la agencia de transporte, resulta de un coste elevado, pues ha de ser de madera y la obra ha de estar poco menos que aislada en todo su conjunto. Creo, llegado a este punto, que no será difícil imaginar como sería la caja en cuestión, el tamaño, volumen, peso, materiales a prueba de golpes... en definitiva, algo para proteger tu “gran-valiosa-obra”. Exentos quedan materiales plásticos con burbujas, cartones, etc. Son del todo tajantes: madera. Sin madera, no hay seguro, no hay responsabilidad.

Madera, implica coste, peso... Te preguntas: ¿dónde meto eso?



embalaje
s.m.
1 Empaquetado o colocación de un objeto dentro de envolturas para protegerlo durante su transporte.
2 Caja o envoltura con que se protege un objeto para transportarlo.



La realidad

Llegado el momento, optes por una opción u otra, te ves ante un dilema que en ocasiones resuelves no presentando tu obra. En otras, con mayor valentía y confianza, decides hacerlo “cueste lo que cueste”.

La primera vez que tuve que hacer un embalaje reutilizable, decidí hacerlo dando sentido a la obra que contenía. Así la cosa quedó con ruedas y portezuela, eso sí de cartones encontrados, y como retales, fueron tomando forma hasta llegar al aspecto actual. En las dos ocasiones que he expuesto la obra interior, ha ido acompañada de ésta: su caja, el envoltorio, la obra exterior. En este caso la caja es blanca y lleva el título de la obra. Las Olas: mar y cielo.

Como me convenció en cierto modo esta forma de proteger una obra con otra, decidí hacer una caja similar a la anterior, pero usando materiales impermeables muy llamativos, que por el color, recuerdan la época de lluvias. La obra que contenía la titulé Primera de otoño. Este embalaje protegió adecuadamente la obra, pero parece ser que se volatilizó al llegar al destino, pues no volví a saber de él. Llegándome la obra devuelta, sin más que un plástico de burbujas. A pesar de mi perplejidad y las innumerables ocasiones que busqué una explicación o paradero del embalaje a la organización del certamen, el resultado fue siempre inútil.

El presente

Como no hay dos sin tres, he reiterado mi intención de presentar otras obras con un embalaje de la misma índole. Buscando – creo –, que sea el propio arte el que se proteja a sí mismo. Pensando que quien opere con este tipo de envíos le resulte chocante – cuanto menos – ver de pronto una caja, o que se le parece, colorida o con multitud de mensajes. Así pude comprobar, que Frágiles naturales (obra nueva de mi próxima exposición), viajó tranquilamente a pesar de que el contenido era tan frágil como el propio papel.

Con posterioridad a ésta realicé otras dos ArtBox, ambas también para formar parte de Árbol Armónico, mi próxima exposición. Una para una acuarela de 120 x 120 cm y otra, para Las flores rojas, que me vi recientemente obligado a no enviar a Madrid por el elevado coste del transporte. Ésta última resultó de lo más interesante; comprobar el verdadero sentido que le daba el envoltorio y las reacciones que producía. Al llegar a una de las compañías de envío, se dirigieron a mi en estos términos: “pero... esto no puede ir así, tiene que ir envuelto. Si no, a ver, ¿dónde pongo el sello y pego este sobre?” A lo que le respondí: “disculpe señora, pero esto es la caja, puede ponerlo donde le parezca” Tras de lo que pareció entrarle una especie de júbilo y satisfacción haciendo partícipes del descubrimiento no sólo a sus compañeros, sino a cuantos estaban en ese instante allí, diciendo: “¡Ah, si es la caja, sólo que la ha decorado y todo…!” Finalmente, se excedía de las medidas máximas, y nuestro gozo en un pozo. Y con gesto de amable complicidad, me dicen: “No podemos enviarlo. Lo sentimos.”