
Acabo de concluir mi trabajo sobre una obra, que me ha tenido varias semanas sumido en ella y que el propio desarrollo ha sido incierto en muchos momentos. Me ha puesto a prueba una vez más la pintura. Paradójicamente, pensaba que tenía muy definida la idea y el camino a seguir, pero como en tantas ocasiones, es la propia pintura la que acaba imponiéndote el rumbo. De ti depende, abordar hasta el final "más definido" o no.
Ahora pienso en el tiempo que he estado inmerso en la anterior a esta y que pone de manifiesto, un trabajo que no elude a la esencia de la idea primigenia. El Árbol y el Hombre, como metáforas, en la que el propio autor se recoge a sí mismo para brindar en una danza envuelta en flores que surgen del árbol que le contempla y en el que se ve reflejado.
No hay comentarios:
Publicar un comentario