miércoles, 10 de noviembre de 2010

Otoño en Los Jardines del Poniente


Entrar y pasear por sus caminos de tierra entre las hojas caídas, sus árboles que aún se resienten de la ausencia de sus viejos hermanos los olmos. Los bancos de madera, también adornados de hojas amarillas. Los parques las tardes colorean de niños, uno aún con la arena que ensucia las manos y las rodillas del juego. Bocadillos a las 11 si hay sol esa mañana de instituto. Tras estos aparecen las palomas. Unos pocos gorriones se las ingenian con destreza y rapidez para llevarse esa miga al pico antes. Animales, pasean a sus dueños, algunos son personas, los que quitan del suelo con plástico, lo que otros atrás dejan. En el estanque están sentados una pareja de enamorados. En el agua de color verdoso por las algas, se reflejan éstos y la escena en bronce del 'abuelo con su nieto' (•) ven como dos muchachos echan al agua sus barcos de papel. Junto a ellos pasa la mujer que cuida del jardín. Cruzan al atajo de la Plaza, con caminar firme, algunas figuras,otras se deleitan del espacio que invita a la pausa, un momento aquí otro allí. A veces es el banco de piedra el que invita a la lectura al sol, otras el de madera. Personas en su mayoría sin prisa que saben ver el tiempo en su valor. Personas, algunas tranquilas de tantos años. En todas ellas se puede ver el otoño con agrado. Una (••) en especial camina despacio en un sonar de la tierra a sus pies. Lo hace con la frecuencia diaria que le permite su edad y su ánimo intacto. Abre las cancelas de su vida y éstas florecen en forma de luz de libros que guardan el polvo de la historia, al poco se pierde en el interior de sus páginas para salir con una escoba a barrer las hojas caprichosas dejadas en su puerta por el viento. Tras dar los buenos días a todos los recuerdos, deja su abrigo sobre los peldaños de madera y se pone a leer el diario. Mientras lee, piensa: "un día más entre mis queridos libros, a ver que me depara esta mañana".

(•) El poeta vallisoletano Jorge Guillén.
(••) El librero Pepe Relieve. José Rodríguez Martín.