miércoles, 20 de febrero de 2008

Camarón, cante-arte.

Escuchando a Camarón, al golpe de martinete. He de reconocerme tardío admirador del flamenco. Flamenco de Camarón (y de otros y otras), que no todo, como lo lírico, te llega al alma. Pero este señor –QUE EN PAZ ESTÉ–, tiene un cante que transmite hasta lo más hondo. Muchas veces, para pintar, escucho a Camarón, me envuelve en el humo del taller, que el inexistente cigarrillo, lo forman las notas y esos arranques de líquida voz mágica, voz-arte. Cante-Arte. Algunas de mis pinturas, llevan impregnadas notas de su música, que al secar, atrapadas en la tela, se unen al color de vida. Mi infancia, siempre en el recuerdo de mi abuela Carmen, andaluza, de Agua Amarga, de Almería. El color de Andalucía me lo transmitió ella. El flamenco en voz de su hijo Manuel, quien quemaba su vida, entre hornos, humo y vino, soplando vidrio, el aliento no le faltaba al agotado corazón, para arrancarse con puro cante. Cante callado y guardado tiempo, con la espoleta del vaso de vino, inundaba el aire con su potente voz. Su madre, le miraba y agarrada a su brazo escuchando, le decía con voz baja –"hijo"–. Nací aquí, en Castilla, en el pueblo que lo hicieran, mi padre, su familia, mis hermanos. Con 9 años, vine a la capital en un camión de mudanzas, para volver los veranos. Pero cuando me viene el recuerdo, como cuando escucho a Camarón, vuelvo al Cabo de Gata, al mar de adentro, la vida recobra sentido. Las chumberas, los higos chumbos. La tierra adentro, esculpe en la vida de sus gentes, mientras adentro, el mar, baña de lágrimas y alegría. La arena escapa de sus manos, y retiene el tiempo y lo echa al mandil negro del recuerdo. –"De muchacha, salía con mi padre en barca a pescar. Con él iba a menudo a Melilla"–. Con razón, ella es la patrona de los pescadores. ¿Cómo no tener presente el Segura? Escucho a Camarón y el recuerdo me lleva en esta ocasión no, a pintar pintura, sino más bien, pintar sentimientos con letras de colores.