sábado, 6 de diciembre de 2008

Pinceles, brocha-escobas


La obra e intervención sobre la cúpula de la ONU en Ginebra, realizada por Miquel Barceló, ha suscitado tanta polémica en torno a ella, que a llegado a ocupar la destacada primera página en algunos diarios.

Apartándome de ciertos aspectos relacionados con la polémica, he de manifestar mi admiración singular por la obra en cuestión; si bien he de hacer alguna que otra observación en cuanto a quienes no dudan en calificar de "brocha gorda", gotelé, etc, la ejecución de esa obra maestra.

Creo que a estas alturas, en la que el arte ha llegado a una contemporaneidad tan difusa, el querer o pretender, hacer comparaciones de la técnica pictórica del mismísimo Diego Velázquez con cualquier artista del momento está totalmente fuera de lugar. Si bien, siempre existirán personas a las que les guste las cosas de un cierto modo y a otras, claro está, no. He de decir que las diferentes técnicas, sobre todo si son propias, o parten de la propia evolución del artífice o artista, son, el simple medio de expresar o de llegar a un fin.

Así, si alguien quiere dedicarle su vida por completo a pintar las paredes de su casa, utilizando como útil una brochita del tamaño de una cabeza de alfiler, está en todo su derecho de hacerlo. Sobre todo, si para llegar al resultado que espera, es preciso que sea con éste útil y no otro. Ni que decir tiene, que si lo que quiere es pintar en un color, sería lógico pensar y tener en cuenta un artilugio llamado rodillo.

Estas parabólicas palabras, que si bien pueden parecer tan obvias como ambiguas en el mundo del arte, no son más que unas ligeras apreciaciones en torno al concepto mismo del tema. De cómo lleva a cabo un verdadero artista su obra u obra de arte, es lógico pensar que sólo a él le concierne el uso de una técnica u otra. Pues parece ser, por la controversia suscitada, que en muchos casos, el ataque hacia esta obra y/o artista, es puro desconocimiento u ignorancia, que muchas veces no está exenta de ciertas connotaciones que vale más la pena ni mencionar.

Así digo que,
«la obra es al fin del artista, como lo es la esencia de su técnica».

Últimas: –me gustaría saber el cómo hubieran resuelto ciertos pintorcillos de brocha fina, La ONU Cúpula, o la piel cerámica de La Catedral de Palma–. Esto es por decir algo, porque verdaderamente no tengo el menor interés en saberlo.

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