martes, 11 de enero de 2011

Nueve sobre el Blanco

En esta sinergia que evocan las palabras galesas de un poético cuento, me amparo en esta lectura, con la ilusión de publicar ahora un pequeño fragmento, tras meses y meses de silencio, guardadas en un cajón tan oscuro como un buzón, mi Nueve sobre el Blanco.

Nueve sobre el Blanco (fragmento)

Aquella mañana de frío espejo, cuando apenas la luz permitía ver más allá de los primeros tejados, descalzo sobre la alfombra tejida del mar, me detuve un instante frente a la ventana del jardín desierto. Al acercarme al cristal, pude ver pequeños destellos fuera. El gris dueño de las primeras luces, contrastaba con la escarcha y el vaho de mi respiración dibujaba líquidas formas sobre el cristal que, como en el despertar de un sueño, se diluyen, uniéndose unas gotas a otras. Escuchando en el silencio de esas tempranas horas, se oían ya, transportadas por el viento, las primeras aladas notas de la pequeña colirroja (Phoenicurus ochruros).

Fue entonces cuando el presagio anhelo del blanco se hizo presente. Caprichosos tras el telón fondo gris, aparecieron, empujados por un ondulante viento, unos copos de nieve. En ocasiones, con cierto desencanto, te das cuenta que no son más que pequeños plumones blancos. Me apresuré a comprobarlo abriendo la ventana. Un aire frío chocó contra mi cara y el viento, susurrante, tenía algo de apacible, lo que hacía pensar que quizá fuera posible que nevara. Detuve un instante mi mirada en lo alto, y pude ver como del oscuro gris, surgían cristalizadas lágrimas blancas. Como delicadas pompas de jabón, los finos copos surgían en diferentes e impredecibles direcciones. Me dije: –ve a dar un paseo.


lunes, 3 de enero de 2011

Feliz Dos Mil ONCE

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sábado, 18 de diciembre de 2010

Tú artista, ¿de qué vives? (chiste de autor)

Se encuentran dos amigos en plena calle y llenos de alegría se dan un abrazo. Se apartan para mirarse aún con los brazos extendidos y uno de ellos dice al otro,
–Amigo mío, cuanto tiempo sin verte. Qué alegría me das. ¿Cómo estás, cómo te va todo? … Ah, es verdad, tú como artista, ¿de qué vives?
El otro mirándole fijamente y con sincero semblante, le responde,
–querido amigo... vivo de milagro.

© XVI.XII.MMX . Miguel Segura . L'atelier aXc. El AUTOR permite y/o sugiere el envío masivo a quien le plazca y/o le haga gracia, bien sea mediante correo electrónico, sms (Short Messaging Service), o cualquier otro tipo de medio de reproducción y/o comunicación.

miércoles, 15 de diciembre de 2010

Luces de Navidad (Cuento de Navidad)

ran pasadas ya las seis de la tarde, cuando sobre aquel cielo gris azulado, volaban con rítmicos altibajos una bandada de jilgueros. En ese preciso momento, la figura de una joven se dirigía por un pequeño camino a la ciudad, se detuvo un instante para contemplar como silenciosas, aquellas aves pasaban ante sus ojos y se apresuraban ante la inminente caída del sol. Las ramas de los árboles, desnudos, se balanceaban por el viento en incesante vaivén. Hacía tanto frío que nada más parecía presenciar esa escena. El campo, vacío, yerto adormecía a merced del invierno, como si quiera mostrar su ausencia. La joven mujer o muchacha, ataviada de azules, protegía sus manos del frío abrazándose ante su pecho. El viento arrancaba de su figura, pequeños pliegues que se ondulaban si cesar, como si quieran escapar también ellos, arrastrados por el viento. La luz se iba con el viento al que acompañaban, pequeñas hojas y finos tallos de anises e hinojos.
La chica apresuraba su paso, pues sabía que la noche estaba cerca y el frío era cada vez más y más intenso. Debía llegar cuanto antes a la ciudad. Allí las luces que empezaba a ver tintinear a lo lejos, le protegerían. Cada vez que pensaba en ello le reconfortaba.


(seguiré más tarde)

viernes, 10 de diciembre de 2010

Paseo con la Luna

Camino despacio, tomando a sorbos el día. Camino sobre el blanco suelo que adormece las horas. ¡Que bien se ve a través de las ventanas! Miro a lo lejos y continuo en mi pensamiento. La Luna en silencio me acompaña, su luz es la que habla. Son luces como los hilos del alba, las que marchitan las flores envueltas de cristal. Si paras un instante, ellas callan. ¡Vamos Luna, vamos Alba!

martes, 30 de noviembre de 2010

Las Olas segunDO montaje (catálogo)


Descárgate el catálogo en PDF que hice con motivo de la exposición Las Olas 'segunDO montaje', que pudo verse en la Sala Estación Abierta de Valladolid en la primavera de 2008. Haz click sobre la imagen.

martes, 16 de noviembre de 2010

Onda vuelo sueño (vídeo)

Aquí podéis ver el último montaje audiovisual que he subido a mi canal de YouTube, que si bien empecé hará unos meses, he podido cerrar hoy. Verano Vivaldi casi en invierno.

miércoles, 10 de noviembre de 2010

Otoño en Los Jardines del Poniente


Entrar y pasear por sus caminos de tierra entre las hojas caídas, sus árboles que aún se resienten de la ausencia de sus viejos hermanos los olmos. Los bancos de madera, también adornados de hojas amarillas. Los parques las tardes colorean de niños, uno aún con la arena que ensucia las manos y las rodillas del juego. Bocadillos a las 11 si hay sol esa mañana de instituto. Tras estos aparecen las palomas. Unos pocos gorriones se las ingenian con destreza y rapidez para llevarse esa miga al pico antes. Animales, pasean a sus dueños, algunos son personas, los que quitan del suelo con plástico, lo que otros atrás dejan. En el estanque están sentados una pareja de enamorados. En el agua de color verdoso por las algas, se reflejan éstos y la escena en bronce del 'abuelo con su nieto' (•) ven como dos muchachos echan al agua sus barcos de papel. Junto a ellos pasa la mujer que cuida del jardín. Cruzan al atajo de la Plaza, con caminar firme, algunas figuras,otras se deleitan del espacio que invita a la pausa, un momento aquí otro allí. A veces es el banco de piedra el que invita a la lectura al sol, otras el de madera. Personas en su mayoría sin prisa que saben ver el tiempo en su valor. Personas, algunas tranquilas de tantos años. En todas ellas se puede ver el otoño con agrado. Una (••) en especial camina despacio en un sonar de la tierra a sus pies. Lo hace con la frecuencia diaria que le permite su edad y su ánimo intacto. Abre las cancelas de su vida y éstas florecen en forma de luz de libros que guardan el polvo de la historia, al poco se pierde en el interior de sus páginas para salir con una escoba a barrer las hojas caprichosas dejadas en su puerta por el viento. Tras dar los buenos días a todos los recuerdos, deja su abrigo sobre los peldaños de madera y se pone a leer el diario. Mientras lee, piensa: "un día más entre mis queridos libros, a ver que me depara esta mañana".

(•) El poeta vallisoletano Jorge Guillén.
(••) El librero Pepe Relieve. José Rodríguez Martín.